lunes, abril 30, 2007
Yo soy
mi nikon, mi bolsa de caramelos, mi abanico de terciopelo y mi rhythm and blues. Jimena (la que tuvo un sueño el martes que viene) Quiero después de hablar conmigo, las personas se vayan con la sensación que deja el té de manzana y canela. O a lo que huele mi libro de Lobo Antúnes. ¡El protagonista de Shine! Yo no soy así pero soy como las primeras notas del Rach 3rd. Ay, me estoy construyendo con referencias.
La canción de “Careless whisper” y cuando comienza el sax y mi papá cierra los ojos y la tararea.
La niña Marie Sophie llorando en la noche por no sé qué burrada (falta que llegue la noche) y lleva un cuaderno y... ¡no, no! Yo quiero ser la Marie Sophie del final, sentada frente a Cristo, con un vaso de ron añejo, rostro grave, solemne y unos ojos inmóviles. Yo no había visto jamás a nadie que irradiase tanta autoridad profunda.
Como el alumbrado público.
O como el público, de Lorca.
Una burbuja, un globo en la garganta, un cosquilleo en los ojos y una explosión de risa. Y cuando me siento triste soy como un fruto que hacia adentro madura. Me siento en una banca y no me muevo, como si el aire pudiera herirme, acorazándome. Y cuando lloro soy igual que un juguete olvidado debajo de la cama. O que la religión. O que el rolling stone.
Lo mejor es la risa violenta, la felicidad que trae el recuerdo de unos zapatos que bailaban al ritmo de la lambada, entusiasmo por la fogata rodeada de primos, por el inicio de una canción de Juan Luis Guerra.
Vivo con la sensación de lo que lo mejor está apenas por suceder.
Bueno, compréndanme estoy feliz.
domingo, abril 29, 2007
Lo que pasó con Celestino cuando encontró a un viejo que no era ni su abuelo ni enero.
El viejo tardó un año en llegar donde estaba el pozo y para entonces ya no tenía manos. Ese día la mata se rompió y me di cuenta de que ya no me hacía falta treparla porque lo mismo alcanzaba a ver de pie que montado en la mata. Al viejo se le habían caído las manos pero seguía. Se le cayeron los pies y seguía. Pronto se quedó sin cuerpo y aunque seguía caminando, yo me olvidé de él hasta que tocaron la puerta y lo escuché decir: “Soy el viejo que has estado observando, vine a hablar con Celestino” Cerré la puerta y grité “Celestino, Celestino” pero Celestino dormía y yo no podía despertarlo. Cuando regresé a la puerta, ví al viejo que se alejaba y que a su lado iba Celestino que arrastraba la mata de ceiba que yo había quebrado. Grité “Celestino, regresa” pero siguió caminando sin volverse. Yo corrí al cuarto para despertar a Celestino y decirle que se había ido con el viejo y Celestino sin abrir los ojos ni la boca me dijo “déjame, déjame, déjame” y me fui a contemplar el camino por si acaso se le ocurría dar la vuelta y regresaba.
jueves, abril 26, 2007
El recordado asombro de estar vivo
Pero es que fue.
Dormí muy poco. Tuve exposición de Rabelais en clase de teoría y crítica. No fui al programa de radio, de lo que me arrepiento enormemente. Tuve exposición de foto (y ahora con Eric, nuevo amigo, persona genial). Terminé de escribir un cuento de Neglillé. Fui a clase de cuento.
Aquí viene lo interesante.
Saliendo de clase de cuento tenía una energía que contrastaba con mi cuerpo débil y cansado. Pasé muchos días en el hospital, entre ellos mi cumpleaños, viendo el suero caer, sintiéndolo. A 125ml por hora. Un foco rectangular, falsamente enérgico borró toda diferencia entre día y noche. La televisión reflejaba la silueta de mi cuerpo vegetativo y triste sobre la cama. No podía leer, no quería escribir, me dolía caminar, vomitaba.
Pero al salir de la clase de cuento.
El recordado asombro de estar vivo, (olvidado, dice Paz) No pensé en la muerte, no me sorprendía estar viva sino estar viviendo. El asombro de caminar a donde yo quería y sentir el aire en la cara con la luz amarilla del alumbrado que gotea lenta y dulce y esmalta el concreto que vas pisando. Y sentir que el concreto que vas pisando. Luego autobúses, hombres que caminan, enrejados. El aire modula el calor, lo extiende, entra en tu cuerpo y acelera el pulso.
Entonces recuerdo que olvidé mi carpeta de clase de cuento en alguna parte de la universidad y veo que mi entusiasmo es tan frágil como mi estómago. (Pero no dejo de asombrarme del molote que le sirven a Luis, del humo del cigarro de la chica que fuma detrás, del sonido de los tacones que van a El tigre)
Cuando regresé a Ray y me comí un atún, me sentí mal y entre paredes me olvidé de todo.
Pero fue una gradación genial. Desde la mañana hasta volver al cuarto.
martes, abril 17, 2007
Mariposa gris
“Que padre que me lleves a la farmacia –le digo a Beto– se siente muy bien... en serio”
Y de pronto esa frase planísima desencadena imágenes y un vértigo súbito, involuntario. Comenzo a llorar y me pregunto qué me pasa. Entonces recuerdo esa tarde. Las manos temblorosas como foco en el que una mariposa gris revolotea. Tiemblan y tiemblan sus labios. La hierba debajo de mis jeans y yo aferrándome a ella mientras él “Mariel: no ames a quien no puedas retener” Y yo frente a él, pensando en él, imaginandolo inscribirse en el alumbrado público con el suéter guinda y sonriendo... desaparece ¿POR QUÉ POR QUÉ POR QUÉ? ¿Por qué ahora que era la única vez que no pude darme un solo argumento en contra para defenderme? ¿Por qué la única vez que decidí no quedarme en mi silla esperando que las cosas pasaran? No, eso no importa. Mejor ¿por qué la vez que tú (¡si, tú, tú, tú!) formabas parte? Me quedo suspendida. “Mariel: no me puedes retener” ¡Luuissssss!
Lágrimas
Beto no se ha dado cuenta, el llanto es explosivo y silencioso. Llegamos a Ray, me bajo del auto, me limpio la cara con el puño del suéter de colores, aún lleno de pasto. Llego a mi cuarto. Tomo la receta. Regreso con Beto. Sonrío.
Mi nota era para retenerte, mi beso era para retenerte, mi correo era para retenerte pero de golpe he comprendido que no me interesa nadie a quien yo no le pueda llegar a interesar. El hombre se ha ido, sí, el mar le servirá de gran camino, con su corazón en la mano derecha y sus semillas en la izquierda, ¡buena suerte, amigo!... Yo siempre sentí que eras Nelta.
Persona increíble, maravillosa, única; persona que acaba con esos adjetivos porque los llena y los desborda. Juro que nunca había encontrado a alguien así y juro también que no me interesa en lo más mínimo nada fuera de su amistad.
Ya no.
sábado, abril 14, 2007
Adiós, Chieko.
jueves, abril 12, 2007
Conversación antes de entrar a la clase "Literatura española del siglo XVII hasta nuestros días"
Mariel: Ah si. Me encontré a una amiga de la primaria en el aeropuerto y me preguntó que si en la carrera nos dejaban leer mucho. Yo le dije que sí, que algo y que había ido a mi casa con un libro gordísimo con la intención de terminarlo pero que era muy difícil leer en mi casa y todo había ido muy mal.
Gabriel: ¿Muy mal?
Mariel: Luego ella me preguntó que qué tan grande era el libro y yo le dije “lo tuve que documentar, así que figúrate.
Ale, Beto, Gabriel y Mariel ríen.
Beto: Es que La regenta es tan grande que puede ser un arma.
Ale: Seguro. Podías secuestrar el avión.
Gabriel: Si, una de dos. O le lanzas el libro al piloto y lo descalabras o te sientas a su lado y comienzas a leer.
miércoles, abril 11, 2007
... te quiero.
Me siento tan grande.
Tomé tu libreta (no tu mano) y escribí. Dos líneas. Te la entrego.
Joan: Mariel, ¿qué has escrito?
Joan siempre agudo, atento... tal vez me vio pedirle la libreta, tal vez me vio dudar mientras escribía, tal vez me vio sonreir al terminar y entregársela a Luis diciendo “Bueno, ya, esta es la única manera en que puedo hacerlo”
Joan: ¿Una nota? Bueno, todos podemos leerla. Quiero decir, no es una nota de amor.
Ay Joan, una nota de amor, qué cursi, cómo se te ocurre. (pero es que soy escritura y él es escritura y la única manera de trazar un puente es escribiendo. La nota informaba, proponía... y no pudo dejar de ser literaria, está bien. Ya tracé el puente, ahora hay que caminarlo)
Mariel: No, cómo una nota de amor, Joan.
Pero la libreta estaba guardada y yo nerviosa. No digas que tengo mal gusto, Ale, alguien de aquí podría ofenderse y no soy yo, pienso. Ale sigue con lo de mis zapatos. Tal vez atarlos un día. Tal vez atarnos a un día. Tal vez atarnos.
Soy tan grande, soy tan genial.
miércoles, abril 04, 2007
tres semanas y sin embargo...
Nunca había encontrado a nadie así.
Me enamoré de tí el domingo que fuimos al centro y leímos a Durrell en un café.
Quiero que siempre sea ese domingo.
La frustración, la escritura.
Promesa: no volver a escribirte
(no se puede andar de tu mano y teclear a la vez)
martes, abril 03, 2007
Neglillé
y qué buen baterista es mi hermano
que bueno es.
http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&friendid=117079645
lunes, abril 02, 2007
Entrada profundamente triste
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿ sabes tú adónde va ?
-Bequer
Caminamos en la calle. Luz amarilla. Entramos en el bar. Sacamos un cuaderno. Conversamos. La escritura, los mitos. ¿A dónde van las palabras? ¿Al aire? ¡Palabras, si, de aire y en el aire perdidas! ¿quiero yo perderme entre palabras? Cambiamos de mesa. Yo diría a mis alumnos “Ah si, conocí al escritor Luis Miguel dos Santos” pero mejor sería decirles que lo conozco, que está conmigo y que alguna vez hablamos en un bar de las palabras, la escritura y los mitos y... ¡venga! ¡no estés pensando en eso, HAZ ALGO! Está ahí en frente, ¿sabes cuánto tiempo hay de México a España? "¡Vamos, par de ciegas!" Y mis manos oyen, lo piensan, no se atreven, desisten ("¡oh! ¡es más grande ese mar!"). Y yo deshojando la luz, hablando y en el aire perdida. ¡Me gustaría llevarte a donde el amor se olvida! Porque... ¿qué importa el amor si estamos en el mismo sitio?
Quedan tres semanas.
viernes, marzo 30, 2007
Conversación al salir de la clase "Literatura española del siglo XVII hasta nuestros días"
Wolfson: Ya dejen de burlarse de Bécquer.
Mariel: No me río, a mí me gusta.
Wolfson ríe.
Mariel: Deja tú de burlarte de mí.
Ale: No, no podría burlarse porque hoy no traes tus zapatos.
Mariel: Son hermosos, dejen mis zapatos.
Wolfson: Son como de enfermera.
Mariel: No es cierto. Hoy no me los traje porque Gabriel hablaría mirando mis pies, como sorprendido.
Ale: Es que son muy feos.
Mariel: No es cierto, son hermosos.
Wolfson: Bueno, es que sólo a alguien que le guste Bécquer pueden gustarle esos zapatos.
Mariel, Ale, Beto ríen.
Wolfson: Bueno, ya, que a mí también me gusta Bécquer.
Mariel: ¿Verdad que si?
Ale: Si, Mariel, sólo que Gabriel tiene la delicadeza de no usar zapatos como esos.
jueves, marzo 15, 2007
más reflexiones sobre literatura
La literatura es juego. Podría vomitar la literatura solemne y de corbata que vino muy fino que pronuncia las erres con la garganta para sonar elegantemente francés. La literatura es un juego y al diablo con las pretensiones trascendentales.
Y a parte de toda la parte lúdica, siempre fundamentada en lo retórico, me dí cuenta de tres cosas:
1. Necesito una libreta con rayas, definitivamente. El espacio en blanco no me cae tan bien.
2. Tengo que escribir todos los días
3. Publicar es demasiado; no voy a volver a hacerlo sino hasta que termine la carrera (el blog no cuenta)
domingo, febrero 25, 2007
Transición
Hay clases de literatura caribeña, hay un programa de radio, hay cuentos escritos, hay amigos y espaguetis que Ale prepara en la cocina para cenar juntos. Libros, foros, revisas, ¿qué puede faltar?
"¡Yo sé, yo sé! hace falta alguien debajo de tu tacto vacío"
No es verdad, no hace falta nadie. Me basto yo. El teclado es suficiente debajo de mis dedos; hoja en blanco es suficiente frente a mis ojos. Mientras escriba, puedo seguir en pie. No hace falta otra cosa para construir el molde que me contiene.
Esta voluntad es enorme: proviene del miedo.
Hoy, domingo 25 de febrero escribo:
Bueno, ya, me esta gustando alguien. No puedo engañarme todo el tiempo.
(sólo recuerda: extremar precauciones, no entregarse nunca, no salir herido)
lunes, febrero 12, 2007
conversación en el café
sábado, febrero 10, 2007
Breve berrinche después del "Taller de creación: cuento"
Y tú, de lobo y piel y uniformes, lees y dices, este texto no vale madres. No vale.
Si te saliera un cuerno en la cabeza, yo lo besaría siempre, si hubiera. Pero no hay cuerno ahí y tú hablas con la pluma en la mano y haces marcas rojas en mi cuento ¿Desde cuándo estuviste de aquel lado del río para decir que una reescritura no valía la pena? Dime antes si entendiste lo que era nacer de un árbol. Dime antes si entendiste lo que era dejar traer dos tabletas de chocolate en el bolsillo. Si lo hiciste, te juro que cruzo el río y me corto el dedo meñique para desangrarme y morir queriendo llegar a ti. Pero no lo has comprendido ni lo has pensado, ¿qué tal si yo el río? ¿qué tal si yo fuera la vaca? Y yo te pregunto, ¿tú ya llegaste?, ¿ya ordeñaste la leche? ¿ya sumergiste el sol en el agua?
(No me quiero meter, no otra vez en la sala llena a rescribir a las dos de la mañana porque ahí los espejos blancos hablan como policías “Usted no pude estar aquí porque estamos por cerrar y hablando de sinceridades su cuento suena a Hollywood. ” Ay, ay, ay...
perdón
los pasillos, los pasillos que se abren y los espejos que se empañan y me gritan como cosas arrancadas cada mañana puta, puta, nunca has sido lo que eres, ah puta, puta, mírate, ni un cuento sabes escribir.
El espejo se empaña y lo retiro de la superficie para caminar sobre el agua sin cortarme)
Jano también lo leyó. Yo lo recuerdo, recuerdo a su niño saliendo del árbol con la camiseta de su abuelita y que pregunta “¿puedo quedarme con tu cuento?”. Claro Jano, claro que puedes quedártelo. Siempre he esperado eso. Siempre he querido que el pasillo se abra y diga ¡ahhhh!; que los cuernos se caigan y me reverencien. Yo no quiero, no quiero textos con marcas en rojo sino solo Janos con los ojos abiertos pidiendo, “¿me lo puedo quedar, me lo puedo quedar?”
Y hay huellas pero no palabras. Siempre se queda la imagen y yo mirando las vacas que se mueven en la lejanía. Tú me dijiste que ahí estaban y casi te creí. No quiero quedarme con la estaca, tengo que inventar otro río, otro cuento, otras vacas.
martes, febrero 06, 2007
Publicación sin apellido
Me publicaron.
¿Me publicaron?
¿A mi?
¿Cuándo?
Digo que no tenía ni idea. Ella explica que es un periódico del Itam. El link es mi blog y la firma es Mariel, sin apellido. Abordamos, despegamos. Pienso que hay personas que leen lo que escribo, que tal vez la escritura tiene un sentido porque hay gente que dedica una cuartilla (o dos, no sé que post publicaron) a un escrito. Y eso no porque quieran alegrarme sino porque quieren alegrarse con el escrito.
Le llamo a Ale, le digo que me leen. Tengo que decírselo a alguien.
Por ultimo, antes de aterrizar, me pregunto por qué no publicaron mi nombre completo.
Es verdad, nunca lo he escrito en el blog.
Es Martínez Álvarez.
sábado, enero 20, 2007
Con los pies en el suelo
¡Qué firmes y seguros nos sentimos aquí parados!
lunes, enero 15, 2007
La cita
Me gusta sentir, siento porque me gusta y porque no tengo miedo de hacerlo.
Algo de razón debe tener.
La desemantización de los ritos
1.- No creo en un dios superior con conciencia y voluntad. Creo en la superioridad como algo absoluto, ajeno e incuestionable; expresada en el orden cósmico que nuestra mente, afortunadamente, nunca alcanzará a descifrar.
2.-No creo en la intervención, ni en los sacramentos, ni en los santos, ni en las oraciones, ni en los profetas o ni en cualquier cosa que represente un lazo entre lo terrenal y lo divino. Creo que las reacciones terrenales son siempre resultado de acciones terrenales.
3.-No creo en la inmortalidad del alma: no creo en el infierno, en el cielo o el purgatorio. Creo en esta realidad física, por mi interpretada que premia o condena tanto como yo lo permita.
4.- No creo en el juicio final. Creo en la muerte.
5.- Creo que todas nuestras acciones deben tener como fin último el respeto a la existencia y a la conservación de la armonía.
Una posible desventaja (argumentos de filosofía barata que parecen válidos)
Está lo fenoménico ahí, justo ahí. Nosotros nacemos justo en el medio. Entonces abrimos los ojos y comenzamos a interpretar, a configurar la realidad, el mundo y les damos nombres. El lenguaje configura el pensamiento, el pensamiento configura la realidad, la realidad configura el lenguaje. Por lo tanto, entre más significado tenga el nombre, más fuerte y precisa se vuelve la realidad. ¿Cómo se logra esta semantización? Mediante los ritos. El hombre necesita de los ritos para cargar algo con importancia. Pongamos por ejemplo, la palabra “columpio”. Para el hombre que, en su infancia, lo deseó, enunció el deseo, acompañó a su mamá a elegirlo, contó los días para tenerlo y después ayudó a su papá a ensamblarlo, el “columpio” será algo totalmente distinto para el hombre que nunca lo deseó. Y no hablamos simplemente de la palabra, sino de la realidad fenoménica y del pensamiento. Si de pronto simplificáramos la realidad fenoménica de estos dos hombres a dos objetos: el columpio y el jardín, la realidad del hombre cuyo columpio está semantizado sería mucho más sólida, parecería más real y tendría más sentido. Y si el hombre está constituido de carne y espíritu, la desemantización de la religión representa una pérdida bastante grande.
BESTIARIO.EL DOC
Bien podemos separarlo: Doc que se fascina por lo mecánico, lo automático, las frías superficies de metal. El Doc que pregunta por aquello que no terminaste de decir y que se ofende con la prepotencia que calla y humilla. El Doc que roba la cucharilla del expreso de su hermano para revolver su té y cuando ha terminado –¡pero qué amable!– se la presta. Es contrastante y coherente. Le gusta lo sencillo, lo agudo, lo suave y a mi me parece que un amarizaje sonaría justo así.
Vestido de colores oscuros, sobrios. Trae lentes y manos en los bolsillos de la sudadera que Beto le ha prestado. Son cuates y el Doc es más pequeño “Esa niña es como veinte Docs juntos” Se preocupa si es domingo y no asistió a misa. Yo le digo que, siendo tan cumplido, seguro ya es un Doc que camina sobre el agua. El último día que estuvo en Puebla, le ponía nervioso la palabra “peregrinación” porque debía viajar a México para tomar su vuelo y no estaba seguro de alcanzarlo. Por la noche, Beto propuso pasar por el Doc para ir al cine, pero el Doc ya se había ido y nosotros lamentamos la falta de peregrinación porque el Doc ya no estaba.
viernes, enero 05, 2007
Breve suspensión del posteo
(pero)
no he leído nada (casi) y todo es muy horrible cuando no leo y escribo (abuso de algunos recursos)
así que
(fieles lectores)
permítanme seguir refugiada. volveré muy pronto. los dejo con esta cita.
cita dos puntos
sábado, diciembre 23, 2006
De cómo un foco transformó un cochino de yeso en un cachorro de verdad.
No hay permiso de mami y papi para comprar un Beagle, tampoco dinero. Olvidamos lo primero y tratamos de solucionar lo segundo “Yo estoy trabajando –dice Lisa– y mañana me pagan 500” Yo sólo tengo 200 pesos. No es suficiente, no es suficiente ni siquiera para apartarlo.
Quiero el perro y me frustro. Voy a leer para olvidarlo y no hay luz en mi escritorio. Me vuelvo a frustrar. Entonces la solución está ahí, en la mesa de noche y le digo a Lisa “pásame ese foco del buró” Me subo a la silla, me subo al escritorio, me sujeto de los peldaños, se hace la luz y entonces veo una pieza de yeso que reconozco como el cochinito de ahorros que llevé durante toda la prepa.
“Ya tenemos cachorro”
Lo rompí y adentro habían 2400 pesos.
¿Cómo pude haberme olvidado de esa alcancía?¿Cómo la encontré justamente el día en que hicimos cuentas y vimos que no nos alcanzaba para comprar el perro? ¿Cómo Lisa me propuso tener un perro justo cuando yo (casi no me gustan) también lo quería?
No tengo ni idea de cómo responder a eso. Lo que sé es que el perro se llama Dmitri, llega a casa mañana y mis papás todavía no saben nada del asunto.

miércoles, diciembre 20, 2006
'Cause your presence still lingers here
(este post surge por la canción "my inmortal")
El muro está frente a mi y sobre él se proyecta una silueta. Al retirar los dedos de la llama, la silueta desaparece; pronunciar tu nombre, tu recuerdo se decanta. Hay un muro, no cara, no silueta. El cuarto está en silencio y listo para dormir pero no se pude: hay algo que prevalece y queda suspendido en el aire
“No me importa” digo.
Y con los brazos llenos de elásticos y cuerdas, intento pronunciar mi nombre para que las ondas franqueen el muro. Y tú, sombra esquiva, huyes en el campo que mi sueño le tiende; huyes en la sábana que mi cuerpo congela. Huyes hacia un un infierno helado apagará definitivamente la llama y un dios de cera que aplastará tu cabeza. Lo sabes y sigues huyendo hasta derrumbar sábana, sueños y muro. Entonces, con tu silueta hecha añicos, yo podré salir de este cuarto, contener tu forma y despertar.
martes, diciembre 19, 2006
movimiento
No decimos nada
No hay manera de arañar la superficie y romperla, romperse. La ciudad es un caos, la mente es caos, los referentes están perdidos: guardar en el bolsillo una muela no sirve de nada. No se pude decir nada, no se pude hacer nada más que estar solos.
Somos burbujas que rebotan y se mueven sin tocarse.
Hemos de morir así.
lunes, diciembre 11, 2006
Las 30 horas del día.
Sólo diré que cuando fui a mi cuarto por la lap, vi el microondas que marcaba "4:35" y no supe bien si era de la tarde o de la mañana. Afuera estaba oscuro. Estamos trabajando con la generación del 27. Cambié 4 veces de tema, dormí de nueve a diez. Llegamos a la hora del tostacho (hora de la simpleza) dos veces y aún no hemos terminado.
Son las 2:29 y no estoy segura de que sean de la tarde o la mañana. La espalda duele, uno cae en estado de sonambulismo, duerme cinco minutos, se sobresalta, maldice y vuelve a escribir. Ya quiero terminar con esto. las letras comienzan a moverse, también el suelo y lentamente todo se comienza a oscurecer. (Recuerdo que salí y regresé con Ale y le dije "Adivina qué" y ella pregunta "¿ya amaneció?" y yo "si") Deben ser las dos de la tarde.
(Ayer pasó algo interesante. Después de postear las tres cosas que no deberían de estar pasando, el niño sin foto regresó del jardín de los cerezos y me invitó a cenar)
sábado, diciembre 09, 2006
Nota breve sobre una ausencia I

viernes, diciembre 08, 2006
Poética
lunes, diciembre 04, 2006
Post sobre la FIL.
“¡Doc! ¡Ya te cargó la chingada, Doc!”
Mientras, Ale y yo medíamos el cuarto de Beto en contrastes “es como de genio loco” y dejamos las mochilas en el piso. La noche anterior, compramos empanadas de queso en la central de Puebla. Esta mañana, desayunamos en Guadalajara pastel con rajas que la mamá de Beto sirvió con vajilla especial, copas y mantel blanco en un comedor saturado, limpio, casi translúcido.
Nota 1.- La toalla para secar las manos parece una estola sacerdotal.
“Mariel, deja de escribir puterías y vamos a ver que vamos a hacer hoy"
Va a estar Iñarritu. Yo quiero ir a su conferencia. Va a estar Lobo Antunes. Y Nacho, Nacho presenta su libro. Nacho dice que Lobo Antunes es el mejor escritor vivo, la entrada a la Fil cuesta 20 pesos, hay que apurarle que el escritor vivo va a hablar.
El acento portugués, el seseo adormecente de Lobo Antunes sabe igual que el pastel remojado del desayuno (no es que estuviera mal -no me atrevo a insinuarlo siquiera- sino que el pan mojado me da cosa). Había un periodista durmiendo con La gruta del toscano abierta en el último capítulo. Nos salimos para ir a la presentación. También estaría Volpi que estuvo a punto de tirar la mesa “La mesa está inestable, si se cae y dice “Crack” será culpa de mis acompañantes -dice Iwasaki- jajaja, de mis acompañantes”
Nacho está nervioso y se arruga hacia adentro como si quisiera esconderse. La presentación comenzó y estuvo perfecta. “Si Nacho te gusta detrás de los escritorio, no me imagino cuánto te gustará detrás de los estrado" Dice Ale. Yo quise hablar como ellos cuando presentamos la revista. Yo quiero el vocabulario, la sintaxis, el tono, la fluidez... yo quiero.
Nota 2 .- La sala está llena de esferas. Ale aprieta mucho los puños cuando las levanto para examinalas a contraluz.
Esa vez, llegamos y dormí. Quería que Ale subiera a dormir también pero estaba en la sala acompañando a Beto, esperando a que llegara El Ja. Quería que subiera para decirle que El Doc me parecía una persona increíble y que la mamá de Beto me parecía dulcísima, como el jugo de mandarina o las galletas de la cena, y que me sorprendía cómo su papá podría mantener una ceja arqueada durante tanto tiempo como si la trajera pegada con cinta scotch. Dice Beto “Mamá, estuvimos enfrente del genio creador de Babel” Yo pienso que es muy guapo. “Sí es guapo, ¿verdad?” me pregunta Ale. Yo no puedo responder: cualquier negación es insostenible después del semestre pasado.
Nota 3 .- Hay dos perros padrísimos. Uno que se cree gato y el otro que mió el árbol de navidad.
Al día siguinte, recorrimos la feria a partir de las cuatro de la tarde. Después entramos a la presentación de Zapata. Palou está rapado porque perdieron los Aztecas. Ale dice que Palou es guapo y Beto le dice que no diga eso porque le da raro. Regresamos por las mochilas y su papá nos llevó a tomar un taxi. Si no hubiera estado tan entusiasmada con la feria de libro, la nostalgia me hubiera ganado. El maquillaje de mi mamá en los ojos de Gaby, el suplemento literario que guardó el papá de Beto. Se parecen a mis papás. El Doc soy yo, pero Beto no es Lisa, ni es Marín: no está la relación con mis hermanos. El Doc está en su casa y yo me extraño a mi dentro de mi casa cuando Gaby le dice a que cierre la puerta de la cocina. Y todo esto no lo supe sino hasta que subí al camión y me di cuenta que calculaba el tiempo que faltaba para el próximo puente. Siempre pienso en ese tiempo cuando me voy de Tampico.
Llegamos a clase de Literatura Novohispana y nosotros casi dormidos sobre el escritorio. Voy a escribir que comimos un arroz simplemente porque no me acuerdo de qué fue lo que comimos y porque no es importante. Después llegué a desempacar y a oler mis libros nuevos. El de lobo Antunes esta sin firma y me dije que hubiera sido bueno pedirle una firma, a pesar de todo lo que argumentó:
De lo que pasó con Lobo Antunes
Mariel: Noooo, ¿estás seguro?
Beto: Si, si es. Apoco no se parece
Mariel: ¿Y me preguntas a mi?
Beto: A que no te animas a preguntarle.
Saco el libro y la pluma y me acerco. “¿Lobo Antunes?” pregunto esperando y reconozca su nombre, asi evitamos problemas de lenguaje. Parece no oirme."¿Es usted Lobo Antunes?" Repito.
"No"
"Ah, ok, discúple" Y ya convencida, me dispongo a irme pensando 'pinche Beto, seguro ni se parecía tanto' pero él vuelve a hablar:
"Eres la segunda persona –seseos– que me confunde con él –pan remojado– en lo que va del día –acento portugués-."
Ahora sí no me cabe duda: me es dificilísimo reconocer una cara, pero un tono de voz, y una pronunciación como aquella... Lo miro con una incredulidad que le ofende. "Mira que no soy" dice mientras muestra un gafette con otro nombre.
No recuerdo el nombre y el gafette dice mucho menos que su voz. Le doy las gracias y me voy.
Beto: jajaja, entonces no era Lobo Antunes.
Mariel: si, si era, estoy segura. Hablaba igual.
Beto: ¿con acento extranjero y todo?
Marie: con el mismo tono adormecente.
Ale: Le hubieras dicho que te lo firmara de todos modos aunque no fuera él.
'Y Ale tuvo razón' pienso mientras pongo al grandísimo escritor vivo en mi librero.
lunes, noviembre 27, 2006
Escritor para sanarnos
viernes, noviembre 24, 2006
La muerte del lobo
I
En cueva de lobos naces,
enconado, lampiño,
sin nombre,
ojos hambrientos
lengua enferma.
Flor de labios secos
lame tu cara
con espinas
con fuego en la cabeza
te arrastras y mueres.
II
Camino entre aceras y faroles,
en medio de la calle,
un lobo con la boca abierta
(la niebla se tiñe de rojo).
Sin pies,
en el abrigo blanco,
te recojo;
de tu bosque,
te recojo, animal herido,
ulcerado,
sin lengua, sin ojos,
te recojo y sigo.
III
Danzo como llama
fundida
en la espina de un bosque
en la niebla de la calle;
llama que camina en la costa
cabeza de lobo
en los hombros entronada.
Danzo como llama
que se eleva entre la piedra
y el cielo
y en la parte mas alta
abre la boca
para oír al mar aulliar.
miércoles, noviembre 22, 2006
Los significados múltiples del yeso y las gracias a quienes los supieron intuir.
El yeso significa muletas. Muletas significan brazos cansados, sangre en tu camiseta (si has andado mucho) Significa un pie que late y se agranda dentro de una jaula azul. Significa levantarte a las seis de la mañana, atar una bolsa a tu pierna, pegarla con cinta, meterte a bañar, caerte del banquillo, el agua moja el yeso: la bolsa ya está rota. Perder tu cepillo, no poder usar muletas y mochila al mismo tiempo. Bajar y andar y correr a clase de las ocho y media... y aún así, llegar tarde.
Significa media hora más si están arreglando el camino.
Significa media hora más si está lloviendo.
Significa subordinar tu tiempo al cepillo que no encontraste, a tu cuarto sin barrer lleno de papeles sin que aparezca la nota del pago de la impresión de la revista.
Cada vez que tengo que subir las escaleras a mi cuarto, lo pienso. Quiero subirme a los columpios y correr. Nunca me había detenido a observar lo elegante de una persona caminando. Qué equilibrio, qué coordinación...
La escena que más me impresionó de “El laberinto del Fauno” fue el pié gangrenado que tuvieron que amputar. Miré mi pié, enyesado entonces, le di las gracias por no estar así. No me puse contenta, sólo recordé que podría volver a estarlo.
Hoy me quitaron el yeso. Acabo de ir al baño y regresar a mi cuarto sólo apoyándome en los muebles y las paredes.
Estoy muy feliz.
Beto, fuiste por el coche para recogerme en el estacionamiento más cercano.
Ale, hiciste mi maleta para que me fuera a mi casa.
Alfons, cargaste mi mochila.
Elisa, lavaste mi ropa.
Ja, me ayudaste a subir el escalón.
Ernesto, compraste mi comida y la trajiste a la mesa.
Gracias por caminar detrás de mí cuando subía una escalera. Por preguntarme cómo iba, por preguntar qué me pasó, por advertirme que no vuelva a meter la pata.
Nunca voy a extrañarlo, eso es seguro; olvidarlo tampoco.
domingo, noviembre 19, 2006
El escritor y la hiedra
Rafael Ramírez Heredia
Semillas de hiedra
en la garganta,
arrancas el pasto
raíces,
campo de futbol.
Y con el campo
te hiciste un escritorio.
La hiedra se mantuvo
y seguiste hirviendo
en tinta roja
que vomitas
sobre el papel
y tu cabeza
naranja seca al sol
cayó sobre la madera
con sonido de ave
en el cristal.
La hiedra se mantuvo
y te rompió los pulmones,
el pecho.
Me quedo tiritando,
llorando de frío
orinada en un rincón
con el caos y el talento
ahogados en dos promesas
y en tres años.
Cierro los ojos y veo
la tierra en tu cara,
el escritorio que no es campo
sino tumba.
miércoles, noviembre 08, 2006
Las manos de Nacho.
Me gustan los ojos de Nacho, sus gestos, sus expresiones, sus ojos. Me gustan sus lentes amarillentos por el humo y el brillo de luz que circula en la orilla del vidrio. Me gustan sus historias de África cuando los golpearon por ser blanco, de cuando jugaba rugby y lo enyesaron, de cuando daba clases en la secundaria. Y los dedos hojas de tamal atado, que encienden el estereo para poner a Delgadillo. Se pasa el alto de repente porque alguien le regaló el color rojo.
“Te regalo la banqueta,
“Te regalo el semáforo
“Te regalo la luz roja.Es su cumpleaños y la patrulla detrás. “Baje del auto” y se baja cantando Happy birthday to me. Cierra la puerta con sus manos, antes en su volante; con las manos que ahora dicen no se preocupen, "voy con los oficiales, ustedes bajen las cosas y espérenme” Y lo espero sentada con las placas de la patrulla anotadas con marcatexto en el antebrazo. Sus manos para abrir la puerta del departamento de Andrelí ya está de vuelta, nos alegramos de verle. Las manos pequeñas y dulces con las que le aplaudo cuando abre la puerta. Las manos que jalan una silla, silban con alivio y hablan de lo que pasó. Hablan, Nacho, hablan. Tú debes escucharlas si las pones cerca de tu cara cuando vas a dormir. O cuando te lees en la computadora recargado en ellas. Hablan cuando nos despedimos, me das la mano y me bajo y la sujeto. Me suelta, no me sueltes, mano cálida, mano firme, mano desatanudos, traigo un montón de sueños en la espalda, siento que me voy a caer.
jueves, noviembre 02, 2006
Prendas de abrigo.
Tomamos una camioneta con olor a hamburguesas para ir a cenar. “Si, son buenos lectores” Me gustas, Nacho, a un escritorio de distancia.
Tomamos un autobús de regreso a puebla. “Me lo imaginé. Mariel dormida y ale tratando de despertarla” Creo que todavía te debo lo del estacionamiento de la central, Beto.
Los aviones como tiburones. Los metros como gusanos
Los carros, los autobuses…
Y después de los humanistas rellenos de marihuana, caer dormida junto a un saco de huesos y una armónica.
Y después de los humanistas corriendo detrás del balón, caer rota junto a un par de gritos practicados un mes antes
dos meses
tres meses antes.
Hay ambulancias con piso de sal; sueños que se decantan cuando lloran, cuando lloramos. Dónde está mi mamá, dónde está mi hermano. Alguien me mira y me dice que Beto viene detrás de nosotros en bicicleta. Una inyección, tres ligamentos rotos pero los sueños enteritos. Y Ale ya llegó.
Y después del tiburón que grita mudo, llegué a mi casa y me encontré con todos excepto a Lisa,
vente, Lisa, prenda de abrigo, eres lo único que me falta.
miércoles, noviembre 01, 2006
Una hipótesis coja y sin sustento acerca de la psicología del hombre de derecha y del de izquierda
Si una persona no cree que el individuo es una victima de la circunstancia, entonces es probable que sus tendencias políticas sean de derecha porque la derecha favorece al individuo, más que a la circunstancia.
lunes, octubre 23, 2006
Acerca de cuánto se puede querer a alguien. (lecciones que había olvidado)
---
El Imperativo Categórico. (y un delirio que cobra fuerza) dice:
como que no creo que los demás... ¡y a mi qué me importan los demás! ¡ustedes! Me vale madre el mundo, Ale, te lo juro, pero ustedes... ah, no tienen idea, son el mundo, son mejor que el mundo, te juro que se podría secar las dos terceras partes del planeta
El Imperativo Categórico. (y un delirio que cobra fuerza) dice:
o los niños se podrían morir todos de cáncer
El Imperativo Categórico. (y un delirio que cobra fuerza) dice:
y podríamos hacer que todas las niñas fueran Marcela
El Imperativo Categórico. (y un delirio que cobra fuerza) dice:
y me vale madre, si quedas tú
El Imperativo Categórico. (y un delirio que cobra fuerza) dice:
y él.
---
hay tantas cosas...
jueves, octubre 19, 2006
De cómo atarse a la fe.
- Kierkegaard
miércoles, septiembre 27, 2006
Claridad
en el reloj, la nuez,
el relámpago.
Sin descubrir todavía,
sin que el alba y el fuego
muestren
el hilo de fatal reclamo.
Aún busco en las orillas del sueño
tu palpitar remoto y claro
que rasgue las piernas un grito
y que al despertar
caiga muerto como pájaro.
Aliento claro en la ventana
y en la alcoba
dedos de sol almidonado.
Temo la claridad del día
temo el reloj, la nuez,
el relámpago.
lunes, septiembre 25, 2006
Novela alegórica en dos capítulos
“¡Dios! ¡El reino de Dios! ¡Muéstreseme como los laberintos del grano de mostaza! ¡Tiende un puente entre mi sueño y el paraíso! ¡Quiero despertar con la flor en la mano!”
Capitulo II y último
1. Al despertar, la habitación estaba completamente iluminada y vacía. Sólo quedaban los cuatro muros, el techo, la cama, el escritorio y su silla. Todo era blanco y no había piso. Me senté al borde de la cama a esperar a que el guía llegara.
2. Me puse de pie sobre una superficie fría que se escapaba a los ojos de la carne. Caminé hacia el escritorio y saqué del cajón una llave transparente. Me senté en la silla a esperar a que el guía llegara.
3. Caminé hacia el pasillo que me llevaría a la otra habitación. “Debe haber dos guardianes que me cuestionarán, pues esa puerta siempre está cerrada” Al fin del pasillo, no había guardianes ni puerta: era un hueco que daba hacia otro espacio blanco. “Probablemente sea la Pureza” pensé. Entré pero no había muros, ni Pureza, ni tronos de mármol, ni coronas; sólo un blanco infinito y la superficie fría bajo los pies descalzos. Quise regresar pero ya no había hueco, ni pasillo. Entonces recordé la llave. La tomé entre mis dedos y la saqué del bolsillo. Me la acerqué al pecho para abrirlo. “Aquí puede haber guía” pensé. Cayó rebotando varias veces. No pude encontrarla.
lunes, septiembre 18, 2006
Nacimiento
una caja de madera
con umbilicales
y cordones
Debajo de las uñas
hay quirófanos
donde paren
gritos con
patitas diminutas
Y suero que escupe
y se cuela
Debajo
de estratos y líneas
debajo
¡Nacer, Nacer, Nacer!
lunes, septiembre 11, 2006
Sábado, 12 de Agosto de 2006
Hola niño del bien.Estoy en un hotel en Poza Rica. Huele a café. Está padre. Hoy sería una noche como para salirnos a la terracita (a mi izquierda) y platicar de cosas. No sé, tal vez de la gente. Me acuerdo de la película que me prestaste, es de mis favoritas. Me enamoré del personaje, yo también me casaba con él cómo la antropóloga. Y las estrellas. Acabo de escribir algo de las estrellas. Es como si viéramos un cromo sobrepuesto de la realidad porque quién sabe si las estrellas sean así o todavía estén. Ser y estar y no sé cual es la diferencia, Eric, es difícil. Me gustaría escuchar a Rachmaninoff porque quiero acordarme cómo me emocioné con los conciertos de David Helfgott. La música guarda sensaciones. Ahora estoy escuchando jazz y suena bien bonito con la luz tenue y el café. Fui a la casa de mi prima y me quedé triste. Tengo miedo. Ella tiene una casa toda bonita y una hija toda bonita y un esposo, no tan bonito pero que se ríe y eso a veces es suficiente. Tiene un trabajo donde gana dinero y a veces me preocupa porque me acuerdo de una pintora que conocí en Nueva York y ví su departamento y estaba chiquito y llenos de cuadro. Sonreía, Eric, te juro que si, pero parecía no ser suficiente. Y parece que yo podría ser así. Yo podría tener un departamento lleno de libros y cafés y gatos. Pero tengo miedo de (¡ay, me dieron escalofríos!) de quedarme en el hubiera. Ende está padre. Tengo cuentos y libros y no sé si me baste. Porque tal vez luego no lo quiero. Quiero agarrar mi cuaderno y lanzarlo a las líneas del metro para que se haga pedacitos como muchas veces quise. En Montreal me costó mucho trabajo hacer amigos, muchísimo. Lucía llegó y ya era amiga de todo mundo. Y me hace sentirme pequeña. Hoy fue a mi casa y le leí un cuento donde un niño lloraba mientras se tomaba un vaso de leche. No se conmovió ni nada. No le impresionó nada y a veces pienso que la gente –¡Eric, la gente!– puede vivir sin la literatura, sin la filosofía. Que las traen implícitas, y esos seres que andan con plumas y cerebros tal vez están demás. Pero son siempre las dudas que me entran ahora, que todo está tan bien, con el olor y la música. Puedo jurar que la música que estoy escuchando (“I’m in the mood for love”) la pasaron en la película de Dumbo. Pero me preguntaba Eric, si la pasión basta. Parece que no. Quiero cosas materiales a las cuales aferrarme y sentirme poco más cerca del mundo. Las personas, la gente, los necesito, los quiero. Como ahora que todos duermen, no hay celular, teléfono, internet, ni amigo a lado a quién leerle la carta, sólo la hoja en blanco y yo que escribo para decirte que me da miedo quedarme con la hoja en blanco. Hay una terraza afuera, me gusta el hotel y la luz. Y me gustaría estar hablando contigo, Eric, porque la gente... la gente duerme.
sábado, septiembre 09, 2006
De cómo atarse al mundo
domingo, septiembre 03, 2006
La expulsión de Faras
Una vez más, recuerdas el episodio de tu expulsión. Primero, Faras en los jardines del Edén; Faras hablando con su hermano Jehudiel bajo el Árbol de la Ciencia; Faras tentado por la ambición y condenado; Faras presentado frente a Dios. “Eres tan miserable como los humanos” Las alas que abultaron debajo de tu espalda, las cadenas de piel con las que te ataron el cuerpo, la espada de fuego con la que te cortaron la lengua. Y ahora Faras como cualquier otro; ahora parado en medio de la iglesia clavando sus uñas en las mejillas en un ataque de desesperación. El inacceso.
La impotencia te invade y llena tus miembros de una fuerza que no puedes disipar. Quieres liberar de un destello tus alas, volar al Edén y demacrar la cara del Dios que te hizo mendigo. Gritas cuando tus alas comienzan a romperte la piel. Al buscar una ventana para salir e iniciar el retorno, localizas un vitral sobre el altar mayor. Sangre desciende por tu espalda como fuego líquido. Sangre salpica los entrelazados de oro y la talavera. No te importa. Quieres oír el vitral rompiéndose, la velocidad con la que atraviesas el éter, el grito de Dios destruido. No oyes nada. Sólo el silencio que deja el desplome de tu cuerpo exangüe que arrastró el peso de una osamenta inútil. Cuerpo de músculos flojos y puños abiertos desangrándose sobre el suelo de barro. Estás muriendo. Todo se oscurece y te llenas de sonidos: coro celeste, las discusiones en el ágora, las risa de los arcángeles al contemplar tu condición, reclamo de Jehudiel al verte tirado y muerto en medio de la iglesia. Ahí, casi muerto, en medio de la iglesia.
Los pasos de los guardias a penas se hacen audibles. Sientes que te sujetan las alas y te arrastran por el suelo. En un último intento, abres los ojos y te encuentras con la mirada de la virgen ensangrentada. Te abandonas. No logras escuchar las exclamaciones de aquellos que con asco y asombro te miran. No logras escuchar las quejas del intendente al ver el rastro rojo que tendrá que limpiar, ni el ruido sordo de tu cuerpo depositado en un contenedor de basura. No es necesario: expulsado de la divinidad, encarcelado en el mundo. Lo sabes, lo has sabido siempre.
jueves, agosto 31, 2006
Campeadora
Campeadora, te bates ciega y escurrida
en el carnaval de jirafas y los simios.
Llevas tres frascos en cada mano,
para llorar el destierro del rey, del bufón,
del coyote, de la rana.
Y decantada en el fondo de los frascos,
la crítica de yelmos amarillos y sin raíces
de los argumentos vírgenes y bien portados
con vocablos en español antiguo.
Defendiéndote con las alas abiertas
de las mariposas que guardas en libros,
crees en la piedad.
Defendiéndote con las piernas abiertas
de los sueños que guardas en tu cuarto,
crees en el perdón.
No tienes más ejército que la pluma y un perro tieso.
Para la pluma, la sangre de los partos que te sobran,
para el perro, la leche de los hijos que te faltan,
y para ti, los nombres que no son tuyos,
sino para el papel y las batallas que te creaste:
Babieca, Grendel, Kriemhild, Amor.
Ya no te recuerdas, sino como un trapo de rata vieja,
un saco de huesos en medio de la calle.
¡Una grúa para ti! ¡Princesa! ¡Campeadora!
¡Una pluma perfecta! ¡Poesía corpórea!
Rómpete los frascos y que alguien se los beba
Rómpete las cintas de los zapatos que te ataron al escritorio
de creadores huecos, llenos de bocanadas de puro.
Rómpete tú, pero déjate las manos con las que anudas metáforas
al cuerpo, a la garganta y estrangula al mundo,
conquista la lengua
sin buscar de nadie, el perdón.
lunes, agosto 28, 2006
Cantada por Sabina, Bunbury y Milanés. ¡Qué honor!
...
¿Si todas las rosas se fueron Lima? Si las limas dan rosas. ¿Si Rosa esta en Lima? Si me como una rosa en Lima, si me como una lima rosa. Si planto rosas en Lima. Una rosa es una rosa es una rosa. Y una lima es una lima. Rosa de Lima. Y pensamientos divergentes de una prima lejana que soy yo misma, pero lejana. Lengua de gato Y pruebo frases sabor distinto, sabor a bote o sabor a corcho o sabor a muñecas bicarbonato de porcelana. Suenan distintas con distintas bocas y en distintos sitios. Bocas que prueban y aprueban y hablan y piensan. Dolor de muelas. Frases que se enrollan en una pluma y escriben. Pan de centeno. Para que después abran sus alas y dejen la hoja; para que después se vayan imprimiendo en mis huellas. Hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos. Una hoja de papel como un abrigo. Una prenda. Vente conmigo.
...
En el fondo del espejo. Me asomo a mi escritura y está algo que tiene mi forma. Y soy tan discontinua, tan distraída, tan distante de la realidad. Ni supone ni piensa con la luna por cerebro. Parece cíclica, infinito andar a ningún lado. En su pensamiento tirando del hilo de su enredo. Y me pierdo. En el laberinto sin minotauro. ¡Sácame del mundo! ¡Te llamo! ¿Teseo?
sábado, agosto 26, 2006
Bittersweet (el niño, el alemán y el escritor)
I can't change my mould
No, no, no, no, no...
viernes, agosto 25, 2006
Manzanas en un cuarto oscuro
apagó las llamas de la alfombra
y todo él se hizo de noche.
Se había movido trazando figuras
redondas como lápidas
agudas como constelaciones.
Charcos con estacas sobre la calle
eran su reino, recordaba los nombres
Venecia, Marruecos, Mongolia,
la ultima capital se le escapó
como paloma de los labios.
Agosto llovía largo y jadeante
como perro cuajado que roe
la puerta cerrada del alba.
Ojos con dos gotas de miel
y una de vinagre, sus palabras
rumian delicados huesos de paloma.
Sus sueños eran feroces como
tigre de encías calcinadas.
Ella, isla ágata, virgen para ti,
tomó el mapa con una mano
y te habló de manzanas en las olas
de una playa violenta e infinita
Ojos de charcos secos y estacas,
–¡te quedaste con las estacas!–
En el desierto, sepulcro de palomas
cuello quemado, domador de tigres.
Lampo sucio que circula en sillones,
cenizas de luz, lo que quedaba.
lunes, agosto 07, 2006
después la espera. (post de una llave y una caida)
El semestre pasado perdí la llave de mi bici y la noche después de ir con él a tomar un café, soñé que una profesora (con dientes de piraña, cuarenta años, y muchas pulseritas para el amor) nos enseñaba a trazar planos cartesianos de agua. La salida al café fue tan intrascendente como soñar eso o hablar en este post de llaves. Mi mamá dice que pongo muchas condiciones. No es cierto, juro que tengo el duplicado en alguna parte.
lunes, julio 31, 2006
esperando
es sólo jazz y vertigo acumulado después de subir y subir y subir. hace mucho que no estoy en una montaña rusa. esto debe de ser algo parecido. esperar, esperar, esperar a que llamen desde abajo y me digan que ya llegó, que está aqui y me está esperando.
ahora llaman.
comienza el descenso.
in other words, i love
you.
miércoles, julio 26, 2006
Fragmentos de realidad que se me cayeron al venir aquí.
Cuando como un durazno, llueve y oigo el saxofón que toca el vecino, hace falta Beto.
Cuando quiero que me abracen (y no que me devuelvan el abrazo) hace falta Tavo.
Cuando veo un francés muy guapo con traje y paraguas negro, hace falta mi hermana.
Cuando quiero conocer a alguien inteligente, hace falta mi hermano.
Cuando quiero que me digan la verdad como fuego en lienzo, hace falta Natalia.
Cuando el estado de ánimo descansa sobre una línea recta, hace falta Xavier.
Cuando me hace falta un dios de plástico, hace falta Alfons.
Cuando quiero ver un perfil perfectamente construido, hace falta Gus.
Cuando quiero darme cuenta de que mis ensayos son pésimos, hace falta Todorova.
Cuando como arroz frió con atún, hace falta mi papá.
Cuando siento que soy un poquito más grande, hace falta mi mamá.
Cuando me subo al metro, hace falta Parquer.
Cuando siento que soy la mejor persona del mundo, hace falta Marce.
Cuando termino un cuento hace falta alguien que hable español.
Cuando regreso en la madrugada por calles oscuras, truenos y charchos, hace falta Juan.
Cuando quiero volver a creer en los escritores, hace falta Nacho.
Y lo único que puedo hacer es tararear I'm in the Mood for Love entre línea y línea.
viernes, julio 14, 2006
Estampa de hoy
martes, julio 04, 2006
Lunes, 26 de Junio de 2006
Ayer, por ejemplo, lavé mis vestimentas... mis vestimentas, ¡que palabra! Vestimentas. Bueno, pues las lavé. Era la primera vez que lavaba mis vestimentas yo sola en esta casa. Lo hice bien, dos de detergente, la lavadora en la ene, prendes el interruptor. Para usar la secadora debes poner un pañuelo que huele a insecticida y se disuelve con el calor. Es para la estática. La estática, palabra no utilizada en la mercadotecnia de los países cálidos. Bien, bien. Ayer fue un buen día de lavar mis vestimentas.
Hoy, por ejemplo, el cuarto de lavado amaneció con medio metro de agua sobre el piso. Ropas flotando, lavadora rota, secadora descompuesta. Dice Nadia que fue un tuvo que se rompió.
“Probablement j’ai fait quelque chose…
Ella dice que no, que no fui yo, sino alguna otra cosa y. No sé, no comprendo bien el francés todavía. Ella dice:
“C’est un accident seulement.
No comprendo qué pasó. ¿Es que las circunstancias me están jugando alguna broma en la coincidencia temporal o Nadia esta encubriendo mis errores? ¿O me lo está insinuando?
Demonios.
Hoy fue un buen día –otro buen día– para reclamarle al tiempo cosas.
lunes, julio 03, 2006
Domingo, 25 de Junio de 2006
Algunos de los días pasados –hace rato, es posible– miré el rio de Ottawa y pensé en un marinero que, sin saber nada de navegación, se lanza en el mar y se pierde en el tiempo. Ahora que lo escribo, me doy cuenta de que no es una historia trascendente (como ninguna de mis historias hasta ahora escritas lo es. Si una sola llegase a ese punto, me atreveré a mirar a los ojos a Julio Cortazar cuando me lo encuentre en una reencarnación de tiburón martillo jejeje) Tú, Cortázar, sabes cosas del tiempo, ¿no? :
“Es como un bicho que anda y anda” En la carta a Rocamadour.
Leí un poema en el new yorker, borrowed from Rob, de algún árabe melancólico y dice:
“Those of you who are descending
from the mountains of the past
how can you climb them again,
and why?”
Después de leerlo, se me trepó la infancia como si fuera una enfermedad, o un bicho y por primera vez en mi vida –ni siquiera cuando vine a Canadá cuando tenía 15 años, ni siquiera cuando cambié de cuidad para estudiar literatura– lloré mucho por todo el tiempo que he estado fuera de casa. El tiempo. Es la única explicación que puedo encontrar. ¿Cómo no haber llorado la semana de inducción dónde no había nadie, nadie, nadie conmigo? Semana llena de juegos cuyo objetivo es desarrollar mediante la convivencia, las habilidades necesarias para el ejercio adecuado y responsable de la sexualidad. Que asco. Los que después serían mis dos mejores amigos sólo había una niña hostil como lagarto y un niño nervioso como ratón. Pero el tiempo, Mariel, el tiempo. Todo se diluyó y del agua brotó una burbuja, realidad ingrávida que sólo nosotros comprendíamos. Ahí, no había tiempo, como en la música de Johnny.
Ahora hago el recuento porque la realidad volvió al agua y yo me quedé sola. Tal vez por eso lloré la noche pasada cuando subía a la terraza y ví los fuegos artificiales y tuve que morder una almohada para que zacky o nadia o sarah no vinieran a preguntar
Qu’est-ce qu'il se passe?
Y no hubiera estado nada mal que vinieran.
BESTIARIO.ERICH-Jueves, 22 de Junio de 2006
La última vez, una camisa roja. Decía Alemania. Regreso a mi país el próximo viernes así que hará la tarea en el avión jajaja –burbujas amargas– en el avión, repite. La maestra cierra los ojos y sonríe. Pero a ella, la agresividad no le ha golpeado los ojos. Una vez, él dijo que mi mente era muy diferente de todos y nunca supe si se burlaba. Nunca comprendió una metáfora, un juego. No creía en la imaginación, sólo en la estupidez.
Y no sé por qué, siempre traté de agradarle.
BESTIARIO.ROB-Martes, 20 de Junio de 2006
Y así de simple. Tres letras y tres cucharadas de medicina. Cierra los ojos. Poesía norteamericana. Cierra los ojos. Estructuralismo. Cierra los ojos. Ficciones. La poesía que trato de no oler pero parece mucho mejor. Me siento mucho mejor. Ante la complejidad de sus palabras, el mundo se simplifica
miércoles, junio 21, 2006
El inicio del bestiario.
lunes, junio 05, 2006
IN TRANSIT
“¿Qué pongo aquí?
Ella, una mujer vestida con uniforme azul marino tomó la ficha de migración y escribió: IN TRANSIT.
En el avión había un chino que me preguntó si la revista estaba en español. Yo le dije que si. Preguntó si comprendía el español yo le dije que si. Hablamos de tes, de cafés, de jugos de tomate. En un vuelo recorrimos el continente americano. Una montaña rusa, yo soy cardiólogo. Y yo estudio literatura. Intercambiamos datos y nos despedimos. El estaba en la parte alta de la escalera al llegar al aeropuerto. WE WERE IN TRANSIT.
En la fila había un gringo con el que choqué sin querer. Queriendo repetir todo, le dije que si, que hablaba español. Estábamos en la aduana canadiense. Hablamos de bicicletas y de globalofóbicos. En la aduana canadiense, checaron mi ficha de migración.
IN TRANSIT.
Llegué a la casa canadiense, con una familia.
Dos horas después, salí de la casa y de la familia
IN TRANSIT.
Me llevaron con la familia correcta
Dos meses después volveré con mi familia en Tampico
IN TRANSIT
O con mi familia en Puebla, después de dos semanas.
IN TRANSIT.
Nunca había amado tanto esas palabras.
Tal vez mañana las odie; pero está bien.
Words are in transit, just like me.
jueves, junio 01, 2006
Eso suena.
ca
ra
col
ahhh, suena a tacones que bajan una escalera de mármol.
Pero iba a decir otra cosa; acerca de la gente que habla del calentamiento global. Suena bien eso de calentamiento global, suena importante. Suena a que tenemos una conciencia redonda. Eso de global le da un tono serio... Cortázar diría que es la gente que ha contraído el hábito de creer en el mundo exterior (léase instrucciones para llorar). Vargas Llosa escribió "La cuidad y los perros" a los diez y nueve años. Debería de estar escribiendo algo importante, o preocupándome por el calentamiento global.
martes, mayo 30, 2006
Indicios que marcan que has estado fuera de casa durante mucho tiempo:
2. Se te olvida la edad de tus hermanos.
3. Cuando te bañas, el agua te sabe rara.
4. Cuando te bañas, ya no sabes calcular bien el tiempo que dura el agua caliente.
5. Te das cuenda de que nunca extrañaste la banda de guerra que toca los lunes a las cuatro de la tarde. Imposible leer.
6. Se te olvida cuál de todas es la llave de la entrada principal.
7. Ordenan tus libros por tamaños. (no es que estuvieran en desorden, estaban ordenados de acuerdo a la nacionalidad del autor)
8. No soportas el clima.
9. Estornudas mucho.
10. Desconoces el sabor de tu alacena en el cereal de la mañana.
domingo, mayo 28, 2006
Puestas en escena
Ese se parecía a Rodo.
---
“¿te acuerdas de mi?
Silencio. La función ha terminado. Las criadas se quitan los refajos, los galanes nostálgicos frente al espejo. La gente anda, las luces están prendidas. Gaby, la prima de Javier Cardín, mi ex, vuelve a los camerinos. Yo quiero irme, pero algo en la forma de sus ojos me retiene.
“¿En serio no te acuerdas de mi?
Sonrío. Más silencio. Quiero que esta función termine. Tal vez me confunde. Hay que ir por las flores, hay que devolver las camisas prestadas. Mucho que hacer detrás de telón. Pero ahora estamos con este hombre y no sabemos quién es. Tal vez si se pone una camisa y va por unas flores y abre el telón, me dejaría ciega. Entonces la función sería excelente.
“Soy Javier.
Ahí va la lógica otra vez a quebrarse con su nombre al descubierto. El corazón como sapo hinchado. El corazón como sapo muerto. Son los mismos ojos pero más claros. Es el mismo cabello pero más lacio. El mismo nombre pero con otro contexto. Otro contexto que hace otro nombre: fuimos en la primaria juntos.
“Eres Lamélas ¿verdad?
Casi siento vergüenza de haber sido tan niña que se le acelera la sangre frente a la suposición amarga. Cardín nunca fue conmigo en la primaria. Cardín nunca vivió en mi misma cuidad. Cardín nunca, nunca.
Se parecía a Javier.
---
El camino de regreso. Él aún traia el vestuario de El Galán de Ultramar: saco negro. Era de noche y hacía calor. No hace falta decir todo lo que dijimos porque no es importante. Sólo importa que tenía la piel muy blanca, ojos miel, cabello castaño y vestido de negro. No era él. Era un referente.
Increíblemente, mencionó algo de literatura Rusa. Como Beto. Y cuando le dije Tolstoi o Dostoievski, dijo que eran demasiado clásicos para leerse Y sin querer –¡juro que sin querer!– le pregunté si le gustaba el jazz. Como a Beto. Y él dijo “rock jazz” Por eso no es importante lo que dijimos. Porque me rompen la imagen. Y Beto ahora está muchos kilómetros lejos de Tampico y muchos kilómetros lejos de moverme el corazón como sapo hinchado.
Me quedo con los colores. Con la actitud de galán.
Se parecía a Beto.
---
Rodo. Javier. Beto. Tres seres inexistentes. Tres personajes. Tres obras perfectamente escritas, nunca puestas en escena.
¡Qué triste! –creo.
miércoles, mayo 24, 2006
Cosas que se derraman; cosas que fatalmente se derraman.
Es larga y dulce.
Tapa el agujero que me hice cuando olvidé el escalón que había antes de entrar a la casa,
Cuando me froté la frente con un borrador tratando de acallar la mente,
Cuando me estrellé con la esquina del mesabanco y me quedé ciega.
Una vez, un señor con cara plateada y bigote rojo pronunció mi nombre y yo me acerqué. Llovía.
Entonces él dijo. “Llévate esta cinta para que no se te derramen” y señaló sobre el agua el color de mis recuerdos como si fueran aceite.
Me arrodillé para verlos. Había una casa, un reclamo con mil voces, dos ojos de un maestro verde. Y me horroricé tanto que tuve que desconocerlos y enjuagarme la cara. Después me pequé la cinta para que el líquido no fluyera. Recordé a dos amigos, recordé una sonata, recordé mi alcancía de gato, recordé una carta, recordé un cereal sabor alacena.
Cinta en la frente. Tristeza sobre la herida. Cinta en los ojos. No quiero llorar.
Porque si me secara ¿qué iba a ser de mi?
Son las garras del recuerdo: la nostalgia.
sábado, mayo 20, 2006
Y sólo tengo un cuento y un chocolate.
Desde que llegué a Tampico tengo ganas de hacer cosas como escuchar jazz en el carro de Beto. Quiero gritar ¡ahuia! con Ale. Quiero glosar a los conquistadores y los cronistas de indias. Reírme de los maestros al hablar. Quiero incendiar las matas de mi jefa. Quiero reunirme a trabajar sobre el libro. Tomarme un café en macondo. Salir los martes del cine club y discutir la película. Quiero burlarme del acosador Alexis. Quiero reírme de los personajes en las piezas teatrales que dicen “muerto soy” Quiero ver a la sendicstina. Quiero volver a presentar el examen oral de literatura medieval Española. Quiero leer en voz alta algún cuento nuevo. Quiero compartir una ensalada con Marce. Quiero comerme un chocolate. Quiero ver una película con Beto y con Ale y con la lluvia en la ventana. Quiero estudiar para el examen de Octavio en los sillones de Ray. Quiero jugar maratón con Nacho. Quiero ir a casa de Ever. Quiero andar y andar sobre las calles empedradas de Cholula. Y de todo esto, sólo puedo leer un cuento y comerme un chocolate. Ya quiero regresar. |
Una dosis de tragedia.
Todo mundo se suicida.
Llegaste tú. Con los ojos llenos de teatro. Con el alma de cristales rojos y fríos rayándote la razón.
Dijiste: “Si muere ella, muero yo. Si no puedo estar con ella aquí, tal vez en otro lado después de la muerte”
Diste mil vueltas como bufón descarriado. Gritaste cosas incomprensibles. Reclamaste tu pequeña porción de paraíso de la que habló Paz. Y eso que no has leído a Paz, ni a Rojas, ni a Shakespeare. Después quedaste enfrente de mi puerta, hecho una plasta gelatinosa, arrancándote los cabellos. Pero estabas en otro idioma y yo no pude comprenderte.
“Perdí todo por ella. Si la pierdo a ella, entonces ya no hay nada”
Cerré la puerta y los perros vinieron a lamer el piso.
Somos seres trágicos, patéticos. Necesitamos la angustia para sentir que estamos vivos. Y si no hay angustia alguna, tenemos a Shakespeare. Para eso está.
Tal vez te falte leerlos: harías menos tragedias.
viernes, mayo 12, 2006
Los inicios.
Hace tiempo dijiste que querías estudiar literatura. ¿Te acuerdas? Te metiste al salón de clase y quisiste romperte la cabeza con la esquina de un mesabanco. Después, saliste y no había manuscritos, no había historias, no había nada.
Hace mucho que no haces lo que deberías hacer para ser quien quisieras.
Y eso que ahora lo deseas concientemente.
sábado, mayo 06, 2006
El descenso del gato
Ayer el gato cayó al pecho como un puñado de arena. Se fue desgastando poquito a poquito con el simple vuelo de las ideas. Vidrio aterciopelado descendió y todo junto volvió a ser gato. Se acariciaba contra las paredes del tórax. Cuando por segunda vez vió al ave con su cola de mil soles, quiso ir tras ella. Yo intenté quedarme quieta, pero su impulso me hizo caer hacia delante. Al quedar con la boca tan cerca del piso el gato echó a andar. Apreté los labios para que no escapara y él me miró desde arriba. Mis manos temblaban. Me levanté rápidamente –el gato con la nariz entre mis labios– y me lo tragué. Entonces miré al ave y se desintegró en luciérnagas. El gato calló al pecho y yo caí de rodillas. Entre sollozos se escapaban los maullidos.
Como si quisiera ahogarse, el ave se tragó media docena de borrachos. Me sujetó del cuello pero grité y se alejó. “No le hagas caso” dije. El gato dolía como destellos calientes. El ave rompió una botella y yo lo sujeté antes de que se fuera al piso. Durante la noche, había volado siete veces, así que lo amarré de una pata con un hilo a la mesa. Sus calcetines estaban mojados y se los quité. Al momento siguiente, yo lo estaba devorando. Su piel blanda y escalpada. Sus ojos de luz y niebla. Su vuelo de darse topes contra mi boca otra vez y otra y otra queriendo sacar algún monstruo que se lo comiera, como si mis labios fueran un sombrero. El gato estaba muy lejos de mis labios: estaba en mi vientre. Rasgaste la falda con un grito de vértigo. Traías conquistados mil cielos; traías conquistados los laberintos sonoros de las cúspides; traías conquistados los ríos de leche que sembrabas. El gato quedó ahogado y tú como corneja moribunda. Abandoné el lugar. Tú te quedaste riendo debajo de la mesa.
Murió el gato y lo vistió una capa de larvas. Los órganos se le reventaron. Mi vientre comenzó a hincharse. Mi madre tomó un cuchillo y unas pinzas para intentar sacarlo de entre mis piernas. Fue la segunda vez que me fui de casa. “Ojala parieras ratones” grito. Retomé la calle dorada que lleva al infinito pero a la mitad del camino nació el gato y tuve que regresara a quemarle las alas. No me gustó. Tenía la voz pequeña y los pies arrugados. En mi casa no había nadie. Sólo encontré la sombrilla negra, el corazón del durazno y un manuscrito sin final. Decidí terminarlo para no dejar abierta la jaula. Después, lo mandé por correo. La dirección del bar y el ave debajo de la mesa como destinatario. Eché al gato al horno y salí con la carta entre los dedos. Quería recorrer la segunda mitad del camino al infinito.
jueves, mayo 04, 2006
una lista arrugada.
Y si lo desgarran con muertes no sangra:
se queda mirando como perro que no comprende.
Hoy, reiste muy fuerte y en el fondo de tu boca ví un papel.
Metí la mano a tu boca. Saqué la lista.
Numero uno, punto y guión, mariel para quererte
y admirarte y escribirte.
Y número dos,
Y número tres,
Y
Fuiste haciendo listas como si citaras literatura rusa.
Pero fueron crueles como listas de judios. Nos mataste por masas.
Y despues te suicidaste sobre los cadaveres.
Niño escritor, asi de solo estás.
así de solo.
viernes, abril 28, 2006
el peso de las cosas
El peso de un granito de arena por cada una. Somos un saco. Lo sentimos en el pecho y en los ojos. Le quitamos a las cosas importantes la importancia. Y nos quedamos sin qué amar.
En el libro de "La cuidad de los corrales de oro", un padre dice a su hijo: Cada vez que dejamos un sueño sin cumplir se nos apaga una lucecita en el corazón
¿Cuánto pesará nuestra oscuridad?
martes, abril 25, 2006
Choque automovilístico
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Ayer me llamaron y yo creí que habían muerto. Viajaban de Puebla a Tampico. Ustedes carro y mi hermana en autobús. Salieron a la misma hora, el autobús detrás del carro rojo.
“No queremos que Lisa vea lo que pasó
“¿Qué paso Xavier?
“Tu dile eso a Lisa.
Comencé a inquietarme. Nos habíamos dormido a las cinco de la mañana. Ellos manejaban desde las doce del día. Eran las siete.
“Hola Lisa ¿te desperté?
“No. Estaba viendo una película
“¿Cuál película?
“La de los increíbles.
Como no había podido volver a comunicarme con ninguno de mis tres amigos, le marqué a Lisa aunque no pensaba decirle nada de la llamada anterior.
“Vamos a vuelta de rueda.
“¿Por qué?
“Un choque. ¡Ala Mariel! ¡Está impactante! Un carro rojo contra una carcachita verde. Hay sangre por todo el piso. Acaban de pasar dos ambulancias. Está horrible.
Y en cada frase yo me tragué las imágenes donde mis amigos quedaban abiertos en la carretera con el cuerpo destrozado. Imágenes como latigazos, perfectas. En mis cuentos hay descripciones clarísimas de choques, de carreteras, de cuerpos, de carros.
es curioso, Ángelo que la primera vez te saliste por la ventanilla y otra vez fuiste a parar con el pecho abierto como granada en medio del campo
No pude seguir hablando. Le dí a Ale el teléfono.
Pero Mauricio gritaba jurando que no había visto al trailer y lo siguió gritando hasta que amaneció
Fragmento de todo lo que ví, pero Ángelo y Mauricio tomaron la cara de los amigos que ahora seguramente estaban tirados, a la orilla del camino. No me contestarían los celulares. No podían.
y cuando volví a meterte el celular en la bolsa ya no convulsionabas y los insectos se juntaban sobre ti y yo tenia un sabor salado en el metal de la boca,
Aunque Ale llegaba y me decía que no me preocupara porque Lisa cree que no es el carro de ellos, no es el modelo, esta casi segura, Mariel, tranquila.
Una varilla larga y lenta se fue doblando dentro de mí hasta que no sólo vi el piso. Mis manos se agarraban a la realidad del suéter de Beto. Cerré los ojos y las imágenes fluyeron. Abrí los ojos. Seguían ahí. Seguí intentando llamarles. Le llamé a Juan Ángel. Me contestó Xavier.
“¿Qué haces con el celular de Juan?
“Mmm, fue al baño
“¡Dime!
Y minutos después, Juan Ángel llamó. Explicó todo: Hubo un choque en la carretera. Era un carro igualito al de nosotros. Te llamamos para que le dijeras a Lisa que no queríamos que viera lo que había pasado porque no queríamos que se asustara.
“No se preocupen: no se asustó.
Colgué.
El sabor del choque duró tres días entre mis labios.
miércoles, abril 12, 2006
la seguridad del mundo comprado.
Mi hermano acaba de cometer un error:
dijo que quería estudiar música
“Don't ask yourself what the world needs.
Ask yourself what makes you come alive and go do that.
Y cuando lo dijo, mis papas voltearon a verme para que le dijera algo.
Estudio literatura. ¿Qué pueden esperar?
Because what the world needs is people who have come alive!"
“mecatronica es la carrera del futuro” Dijeron ellos.
Vamos hermano, estúdiala, tal vez entonces seas rico y puedas comprar instrumentos de colección para tenerlos en una vitrina.
El mundo esta en reposo, envitrinado, muerto.
Lo bueno es que podemos comprarlo.
Y eso nos reconforta.
martes, abril 11, 2006
welcome to reality.
Una reunión estaría bien. Tomar un trocito de queso, una copa, que tal licenciado cómo están sus hijos, qué tal va la chamba. No tengo amigos de traje, de hijos y de chamba. Tampoco un cuchillo para picar el queso en trocitos. Comerlo entonces como manzana. No hay botaderos para las galletas. Jugo de piña pero no alcohol. Aunque lo hubiera no tomaría Ayer me tomé el alcohol de toda mi vida. Así que será una fiesta de sobrios, pásele licenciado, siéntese. Sacar un cigarro, dos, veinte. Tirarlos y quedarse con la cajita de metal. ¿No fuma? ¡Que sorpresa! De todas maneras me atreveré a pedirle un encendedor. Y el comedor es una mesa roja. Y la casa está abierta las veinticuatro horas. Y queremos verte feliz.
Hay personas normales. No siempre. Pero nadie se asombra: hemos perdido esas capacidades. De todos modos, nadie se sale del dogma para asombrar. Más bien tenemos hambre y se nos atravesó un oxxo. Y aunque a veces me río de mí y me escribo, hay otras en que me gustaría agarrar el queso, las galletas, el jugo y los cigarros y llegar a casa a preparar la reunión. Carajo, sólo tengo cien pesos.
viernes, marzo 24, 2006
sobre la existencia de las cosas
miércoles, marzo 22, 2006
Manchas en la pared.
Las siguientes manchas en la pared son los días que faltan para que llegaran las vacaciones. No me gusta la escuela. La maestra me ponía a ver un punto en el pizarrón hasta que tocaran la salida. Entonces yo me iba, pero el punto se quedaba ahí. Faltaban dos renglones de tachas en la pared para que saliéramos de clase.
Esta no es una mancha en la pared. Es una nota y dice “mami, te odio”
Cuando salió la película de starwars episodio uno, mi hermano hizo una colección de mocos en la pared. Cada uno tenía el nombre de un personaje. También esos dejaron manchas.
Las manchas grises eran de las tocadas. Era mi novio y las marcas las hizo con la cabeza del bajo, cada vez que se agachaba a ecualizar rayaba la pared. Decía “mierda” y me volteaba a ver: “Así va a terminar tu pared”
Ese era mi cuarto, una vez escribí una carta mirando una mancha.
Los globos que pegaron en la fiesta de despedida. La goma de la cinta y el polvo chicloso. Nunca supe muy bien porqué me iba. Tal vez mis amigos si y por eso me hicieron una fiesta. Las manchas no se quitaron. Yo no pude mirarlas mientras hacia la maleta.
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Estoy fuera.
Ya no hay manchas.
No creo en los ídolos,
sólo en los referentes
Y tengo miedo.
sábado, marzo 11, 2006
Acerca de la trascendencia
viernes, marzo 10, 2006
Escritora
Gotas de cera. Los sueños se cubren.
Como ave encubando murmullos tristes.
La muerte en un huevo. Ganas de escribir.
Eras un pato que se tragó un tintero.
¡Perdoname! ¡Te ves tan triste!
Unas manos para disecarte.
para arrancar tus plumas
y hacerte una bola de ventanas y cristales.
Lo unico que te queda
es estrellarse contra los vidrios
y comenzar a escribir.
domingo, marzo 05, 2006
The End of This Chapter
[Chapter One] / I gave you my time / I gave you my whole life / I gave you my love...
Te volviste un niño corriente. No de esos que hacen con moldes, pero casi. "Es que él es tan poco..." le dije a tu amigo mientras te señalaba. Y tu amigo me dijo que me rendía sin luchar. No es cierto. Tenía la mejor táctica: fuí yo con todas mis fuerzas; luché hasta el final siendo para que vieras, siendo siempre lo que era y lo que soy solo para que vieras. Cerraste los ojos y ¡que bueno!, porque asi me di cuenta de que, ¡niño! ¡nos hacia falta tanto!
Nota al margen: Yo estaba dormida y las luces estaban apagadas. Bien hecho, Ale, era la unica manera de manera de mirarnos como queríamos.
[Chapter Four] You have new love / and it looks good on you / I have never wished you dead.... yet.
De repente te me acabaste. Diré como una vela que se apaga, porque eres un lugar comun. No eres poesia. Te hice poesia. Y lo sospechaste. Entonces te levantaste de la mesa y dijiste "no te pelees por mi, Mariel" ¿Que no sabias que, de toda la discusion, tu eras la parte menos importante?
Es Sonata Artica y lo que dicen es odio...
I tell you that past times won't die... / I tell you that old lies are alive / Love due to expire too long time ago / Kills me, it will kill you...too.
...pero ni siquiera lo siento.
[Last Chapter] Indiference is silence.
No mas metáforas.
just silence.
Hola lectores!
Y si yo fuera un escritor, sería Márquez. No por su prosa excelentísima, sino por lo volatil de sus promezas.
Aqui estoy de nuevo, con el mundo reconstruido. Tiempo, se necesita tiempo. And now I got my remarked world which I can shatter again and again and again.
Lectores, lectores: ahi voy de nuevo.
Nunca podré dejarlo.
Aunque me quede sin mundo.
un abrazo
miércoles, febrero 22, 2006
Disculpen lectores
Ya me cansé del blog. Tal vez de escribir.
no sé.
Sólo sé que ya no quiero.
lectores geniales, disculpen.
un abrazo.
viernes, febrero 17, 2006
lunes, febrero 06, 2006
Conversaciones de baño.
Ale (sarcástica): ay si Alberto, un trozo de carne.
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Mariel: Alberto, dice el señor que queda muy poquita agua.
Alberto: ufff ¿Qué hago? ya me mojé.
Mariel: Pues no sé. bañate rapido.
Alberto: Nooooo. ¿Y si me quedo con jabón?
Ale: ¡No sé Alberto, por primera vez resuelve algo solo!
Alberto: ah, ya se. Me mojo. Cierro el agua. Me tallo. Abro el agua… ¿Seraaaá? Pero no. ¿Y si me quedo lleno de jabon? ¿ya habrá llegado la pipa?
Ale: no seeeé Alberto (A Mariel) eso que le pasa a Alberto es algo que me pasaría a mi.
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Mariel: Alberto, voltéate que voy a salir.
Alberto: Estoy volteado. La Mema te puede ver, pero yo no. Esta bien atenta a la puerta.
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Alberto:¿y a quien le robaste el jabón, Ale?
Ale: ¿a quien? no sé
Alberto:¿y estaba usado ya?
Ale: no, estaba nuevesito. ¡Ah! ¿usado? ¡Alberto! ¡Ah, guacala!
Alberto: Es lo que pensé.
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Alberto: ¡Ah caray! Mi ropa sigue allá arriba.
Ale: Alberto, tienes el baño hecho un tendedero de señora
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Mariel: Alberto, sigues de bañar.
Alberto: Dejen que se bañe Alfons primero. (Se tapa con la sabana) Bueno pues me voy a bañar (Se destapa)
Ale: adelante pues.
Alberto: pues hay que hacerlo rápido porque hay que regresar a Puebla. A puebla de los Alfonses
Ale: pinche Alfons.
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Alberto: ¿Qué quieres usar, el trapo o la toalla?
Ale: Pues, Asi como lo planteas… la toalla.
Alberto: Bueno, yo uso el trapo ¡Y qué frio!
Ale: ya se, Alberto, qué frio, qué frio.
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Alberto (cantando en el baño): quise cortar la rosa mas bella del rosal
Ale: no, no se la sabe
Alberto (estornudando) : atuissaa!!!!
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Ale: ¡ah no! ¡se acabó el agua! ¿Ves mariel?, te dije que era una típica anécdota mía.
